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La mejora como camino de crecimiento

En este post exploramos uno de los cinco principios de la Calidad: La mejora. Este es un concepto que encierra la esencia de ser perfectibles, puesto que todo, absolutamente todo se puede mejorar y por ello es por lo que puede tomarse como un camino de crecimiento continuo.

Siguiendo la filosofía KAIZEN, ésta nos enseña que la creación de estándares iniciales en nuestro trabajo es el punto de partida indispensable para comenzar a mejorar. No se trata de cambios disruptivos. Por el contrario, se debe dar un paso a la vez, consolidando cada avance antes de continuar al siguiente.

Este enfoque garantiza:

  • Consistencia: Los estándares crean orden y predicción.
  • Medición: Podemos evaluar el progreso real.
  • Sostenibilidad: Los cambios pequeños son más fáciles de mantener.

Cada vez que realizamos una tarea por primera vez, surge naturalmente la aspiración de perfeccionar algún aspecto en las siguientes ocasiones. Por eso, incluso los cambios mínimos, cuando se implementan de manera sistemática, conducen a resultados significativos a lo largo del tiempo.

En el universo de la mejora continua, aquello que genera problemas puede pensarse como una oportunidad de mejora, aunque implique un camino más extenso. Para aprovecharla, debemos:

  1. Identificar la causa raíz del problema (no solo el síntoma).
  2. Explorar soluciones que eliminen dichas causas.
  3. Implementar cambios que prevengan su recurrencia.
  4. Generar estándares de esos cambios, los cuales serán la base para mejoras futuras.

Cuando aplicamos el concepto de mejora dentro de nuestras organizaciones, es fundamental reconocer que existen numerosos factores que impactan en una implementación. Para desarrollar un proceso sistemático de mejora continua que sea verdaderamente sostenible en el tiempo, se requiere principalmente un rol activo por parte del liderazgo de conducción. Desde la dirección debe existir una conciencia clara de aquello que se quiere lograr, liderar el camino de la mejora, generar compromiso de las personas para llevarlo a cabo y, principalmente, destinar los recursos necesarios para ello. En este punto es importante entender que cuando no se generan las condiciones necesarias para que se pueda implementar una mejora, cualquier acción no perdura en el tiempo.

Ahora bien, respecto de los recursos, no nos referimos únicamente al aspecto económico, sino que ingresan a la lista cualquier tipo de recurso invertido como, por ejemplo:

  • Tiempo: Para planificación e implementación, verificación y estandarización.
  • Personas: Equipos capacitados y comprometidos.
  • Herramientas: Metodologías y tecnología apropiada.
  • Conocimiento: Formación y desarrollo.

Por otra parte, dado que los recursos siempre son limitados, es importante tomar decisiones estratégicas en la priorización de cada mejora que queremos implementar. No todo puede hacerse al mismo tiempo, por lo que, el primer paso siempre debe ser identificar qué queremos mejorar o corregir.

Ahora bien, ¿Cómo identificar qué procesos, productos o áreas de mi organización debo mejorar primero? Con una pregunta que en primera instancia parece fácil de responder. Sin embargo, requiere un tiempo de construcción de todo aquello que queremos mejorar y, a partir de lo cual, generamos una priorización.

Esto puede incluir:

  • Procesos internos: Flujos de trabajo, eficiencia operativa.
  • Productos o servicios: Calidad, especificaciones técnicas.
  • Comunicación: Interna (entre áreas, equipos) y externa (con clientes, proveedores).
  • Cultura organizacional: Engagement, seguridad, bienestar.

Una vez identificado qué queremos corregir o mejorar, podemos elegir la metodología más adecuada para estructurar nuestro camino. Es esencial poder priorizar el qué, para luego decantar en el cómo lo haremos.

Existen numerosas metodologías de mejora disponibles en el mundo. Algunas de las más reconocidas incluyen:

MetodologíaEnfoque principalIdeal para
PDCA/PHVACiclo planificar-hacer-verificar-actuarMejora general, simplicidad
Lean ManufacturingEliminar desperdiciosManufactura
Six SigmaReducir variabilidadMejora de precisión y calidad
SMEDReducir tiempos de cambioOptimización de tiempos
AgileIteración rápida y adaptabilidadDesarrollo de proyectos

No exite una metedología correcta o incorrecta. Por el contrario, su elección dependerá de:

  • La complejidad de aquello que buscamos corregir o mejorar.
  • La industria y tipo de organización que tenemos.
  • El enfoque estratégico de nuestra empresa.
  • Los recursos disponibles que poseemos.

Ahora bien, en este punto es fundamental recordar que toda metodología y herramienta de mejora debe acompañarse de formación adecuada. Un error muy frecuente es intentar implantar una metodología sin ningún tipo de explicación al respecto. Formar empodera a las personas, ya que permite entender:

  • El para qué de su utilización.
  • El cómo se utiliza correctamente.
  • Los beneficios que generará.

A su vez, como todo conocimiento es poder, cuantas más capacitemos a nuestros colaboradores, mejores serán los resultados y mayor el compromiso generado.

La metodología PDCA (Plan-Do-Check-Act, o en español PHVA: Planificar-Hacer-Verificar-Actuar) es la más frecuente y fácil de utilizar. Aquí presentamos cada etapa de manera general:

En esta etapa construimos nuestra hoja de ruta. Por ello siempre recomendamos tomarnos el tiempo necesario en dicha planificación, para aumentar la factibilidad de los resultados y no perder el tiempo en acciones por fuera del plan. Entonces, en este punto es indispensable tener claro:

  • ¿Qué queremos mejorar? (proceso, producto, servicio).
  • ¿Qué objetivos queremos alcanzar? (específicos y medibles).
  • ¿Qué recursos necesitamos? (presupuesto, personas, herramientas).
  • ¿En cuánto tiempo? (cronograma realista).
  • ¿Qué acciones implementaremos? (actividades concretas).

Aquí llevamos a la práctica las acciones que han sido planificadas. Es el momento de:

  • Ejecutar el plan tal como fue diseñado
  • Documentar lo que ocurre durante la implementación
  • Mantener la comunicación clara con el equipo

En esta etapa analizamos lo realizado y verificamos:

  • ¿Se ejecutó según lo planeado?
  • ¿Qué surgió durante la implementación?
  • ¿Qué no cumplió con nuestras expectativas?

Este proceso brinda la oportunidad de identificar lecciones aprendidas que nos permiten evitar errores similares en futuras implementaciones.

El ciclo culmina con:

  • Ajuste de documentación: Actualizar procedimientos y estándares conforme a los cambios.
  • Formación: Crear espacios para que el equipo comprenda la nueva mejora y en qué ámbitos impactó.
  • Escalabilidad: El punto de partida para nuevas ideas de mejora.

La mejora continua debe ser parte de la cultura organizacional y esto se ve reflejado en cada persona de la organización, en todos los niveles. La clave para consolidar esta mentalidad podría pensarse en tres puntos que deben trabajarse de manera integrada y continua.

En primer lugar, es importante crear un propósito claro detrás de cada iniciativa de mejora. Un equipo que entiende, además del “qué” y el “cómo”, el “para qué”, fomenta una mayor responsabilidad en la ejecución. Este sentido de propósito actúa como brújula, orientando los esfuerzos e inspirando la creatividad en la búsqueda de soluciones.

En segundo lugar, es necesario que la organización genere una formación continua. La educación constante, tanto de los líderes como de los colaboradores, no sólo dota de nuevas habilidades, sino que también transmite el mensaje claro de que la mejora es una responsabilidad compartida. Cuando las personas se sienten capacitadas y comprendidas, su compromiso con los objetivos organizacionales se profundiza de manera natural.

Por último, pero no menos importante, es indispensable generar las condiciones necesarias, en este caso, para promover la mejora. Es indispensable que desde el liderazgo de Dirección, no sólo se establezca el propósito y promueva una constante formación de la Organización, sino que, también, debe poner a disposición los recursos y generar las condiciones propicias para que las personas puedan hacer mejora continua.

Cuando estos tres elementos —formación, propósito y condiciones necesarias— convergen, se crea un ecosistema donde la mejora continua no es una obligación impuesta desde arriba, sino una mentalidad genuina que permea toda la organización. Esto genera un camino sólido de mejora que crecerá junto con la organización, adaptándose a sus necesidades y evolucionando con sus desafíos.

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